jueves, 11 de diciembre de 2008

Mataron a Miguel...esa fue la noticia que me decía la Naty mientras estábamos trabajando en un estado de incertidumbre y angustia, y sí era verdad habían matado a Miguel; el almacenero del barrio, el que tenia el negocio enfrente de la casa de mi hermana, el que todos los dias trabajaba con su mamá de unos 80 años, casi ciega.

Lo mataron y la indignación, la bronca, la angustia y el miedo se hicieron eco en todos los que vivimos cerca, esta situación de delincuencia ya no se soporta, pero esta vez llego a un punto límite, la muerte...
Siento miedo de andar por la calle, desconfío de todo y de todos, de los que andan en moto, del que viene caminando enfrente, porque la delincuencia se volvió moneda corriente, de hecho el día posterior al asesinato de Miguel, en la otra cuadra tres tipos se hicieron pasar por trabajadores de la EPE y robaron a una pareja de ancianos, tres noches anteriores cuando iba a tomarme el colectivo un chico intentaba robar una moto pero como sonó la alarma salio corriendo y otro en otra moto lo estaba esperando y huyeron; todos los que pasábamos por ahí nos quedamos consternados, pero estas situaciones no salen en los diarios, no son denunciadas, pero pasan y a menudo, entonces ya no se que pensar, habrá que matarlos a todos, si total ellos nos matan a nosotros por nada, como escuche decir muchas veces y a mucha mas gente a diario, a quien tenemos que reclamar, sabrá el señor gobernador lo que esta sucediendo, sabrá que en la comisaría 7ma hay 28 presos y por eso los vecinos de esa comisaría no tenemos patrulleros en las calles por falta de personal, sabrá que mataron a un buen tipo a dos cuadras de una comisaría.

Estoy lejos de pensar en la muerte como solución de las cosas, pero en un momento de dolor como este debo confesar que la duda me aqueja, pero creo que el mayor problema de la delincuencia es el abandono social, chicos que crecen resentidos de la vida y de las personas, porque no mamaron otra cosa, las “puertas corredizas de las cárceles” por donde entran y salen un montón de tipos con un prontuario que aterra, un sistema carcelario que pareciera que lejos de lograr una reinserción social, crean cada vez más delincuentes, y solo hace falta leer el diario cada vez que agarran a uno y leer sus antecedentes parta darse cuenta de ello.

En medio de la angustia y el miedo solo se me ocurre elevar un rezo por Miguel, por su mamá y por su familia, y también por nosotros, porque aunque parezca una exageración los vecinos nos sentimos en lista de espera.

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